Convirtiendo debilidades en fortalezas

Convirtiendo Debilidades en Fortalezas
Convirtiendo Debilidades en Fortalezas

Todo ser humano tiene una tendencia vital a no salir de su zona de confort. Y hacer deporte no es distinto. Generalmente, cuando vamos a entrenar, lo que menos nos gusta es trabajar nuestras debilidades: aquellos ejercicios que no se nos dan bien, aquél grupo muscular que nos cuesta y cuyos resultados se ven a largo plazo… en definitiva aquellos ejercicios que dejamos siempre para el final porque nos cuestan más. En mis años de entrenamiento a nivel competición, recuerdo que mi entrenador decidió que los jueves tocaba entrenar pierna… ¡y toda la vida he odiado entrenar pierna! Así que los jueves siempre tenía mil excusas para no ir al gimnasio. También me pasaba con el entrenamiento de abdominales y glúteo: mil repeticiones diarias de cada uno de estos “pequeños monstruos”, en diferentes ejercicios… Si no estaba preparando una competición, siempre encontraba la manera de “tener que salir un poco antes” para escaquearme. Hoy, algunos años después –justo 20, pero no se lo digas a nadie…-

…sé que darle la espalda a las debilidades no es una postura muy inteligente.

Hay muchos deportes que nos empujan constantemente a superar nuestras debilidades. ¿Por qué no hacemos lo mismo con nuestro entrenamiento en el gimnasio? Si quieres mejorar tu salud y tu forma física, pero sobre todo tu autoestima, esforzarte para vencer tus debilidades es una de tus grandes bazas del deporte, da igual si es dentro o fuera del gimnasio. Volver a casa habiendo “machacado” ese entrenamiento que tanto odias te va a hacer sentir realmente bien. Mucho mejor que si simplemente vas, cumples con lo que se te da bien y regresas.

Vencer las debilidades es vencer a nuestros fantasmas

“La primera vez que intenté hacer una dominada sin éxito, estaba seguro de que todo el mundo me había estado observando”, recuerda Rubén. “¿Que habrán pensado? ¿Se estarán riendo de mí? Después de años en el gimnasio me di cuenta de que yo era la única persona en todo el centro que estaba hiper-enfocado en mí. Tan pronto como fui capaz de entender esto, el aprendizaje de nuevos ejercicios y la inclusión en mi rutina de nuevos retos se convirtieron en la mejor manera de divertirme en el gimnasio. En lugar de avergonzarme, comencé a pensar que intentarlo era valiente por mi parte y que las grandes cosas nunca se consiguen a la primera: requieren tiempo, práctica y esfuerzo. No hay de qué avergonzarse de nuestras debilidades sino entenderlas como una oportunidad”.

“Cada persona en este mundo tiene debilidades”, dice Martina, una de nuestras socias más antiguas. “Creo que, si alguien está dispuesto a admitir sus debilidades y hacer un esfuerzo consciente para trabajar en ellos (y no siempre significa superarlos), sin duda mejorará su rendimiento en cualquier aspecto de su vida. Ser valientes para admitir que tenemos debilidades, intentar vencerlas, trabajar enfocados en un objetivo, esforzándonos al máximo, nos ayudará a desarrollar valores y aportará experiencias de gran beneficio para nuestro día a día.”

Por su parte, nuestros entrenadores lo tienen claro. “Verás resultados mucho más rápido si empiezas por construir una base sólida”, dice Manuel. “Puede ser frustrante concentrarse en las debilidades porque no siempre son divertidas de trabajar, cuestan más trabajo y a veces los resultados son más lentos, pero una vez que lo hagas y comiences a ver que tu estado físico global mejora, todo lo demás se hará más fácil y te darás cuenta de que tu perseverancia y duro trabajo han merecido la pena.”

Algunos consejos que puedes seguir para lidiar con tus debilidades son estos:

1. Aceptar la debilidad como parte de ser humano.
Traté de ser perfecta durante años. Confía en mí, es el camino más rápido y constante hacia la decepción y el desánimo. Nadie es perfecto. Una vez que admití que no soy perfecta, descubrí que tenía más amigos, que era más extrovertida, que estaba más dispuesta a retarme, a probar nuevos ejercicios en el gimnasio y le perdí el miedo al ridículo. Ahora veo a las personas de una forma más tolerante, con una mente increíblemente abierta.

2. Escucha a tu cuerpo cuando te pide que pares:
Como era una persona increíblemente competitiva, he ignorado las señales de advertencia de mi cuerpo durante años. Nuestros cuerpos son excelentes comunicadores y siempre no dicen lo que necesitamos. Es muy importante que tengas confianza con tu entrenador y le cuentes lo que sientes, lo que te cuesta, lo que te gusta, lo que necesitas, cuáles son tus fortalezas, cuáles son tus debilidades y cuáles son tus objetivos. Es la mejor manera de alcanzar en el menor tiempo posible tus objetivos, de mantener la motivación y de proteger tu cuerpo. No todos los días vas a poder entrenar a tope y ¡no pasa nada si al menos lo intentas!

3. Relaja tu mente:
Nos pasamos el día entero tomando decisiones, con un montón de cosas en la cabeza, preocupados por el pasado, por el futuro… Tómate tu tiempo de entrenamiento como un descanso para tu cabeza. Sal de tu estrés habitual y deja en la puerta todas las preocupaciones y problemas que arrastras en tu día. Imagina que estás en un mundo nuevo en el que dejan de existir Y DISFRUTA. Cada vez que estés con tu llave frente a la puerta, haz este pequeño esfuerzo: aprieta el puño y concentra en él todos tus problemas, tu estrés, tu ira, tu frustración… y abre de nuevo el puño dejando que todo eso salga y se disipe en el aire antes de entrar en el gimnasio. Sabes que dentro tienes un espacio solo para ti en el que no existe nada más que tú y tu entrenamiento. Mírate en el espejo, sonríete y da lo mejor de ti para alcanzar esa mejor versión de ti que quieres llegar a ser.

4. Las comparaciones no son buenas:
No todos valemos para lo mismo. A unos se nos dan mejor unas cosas, a otros otras… unos tenemos unas habilidades y debilidades y otros otras. Por lo tanto, no pierdas tu tiempo en compararte con las personas que entrenan a tu alrededor. Tus metas y objetivos son solo tuyos. Céntrate en tu entrenamiento, en buscar tus propios límites, en escuchar a tu cuerpo, sin deparar en lo que hacen o cómo entrenan los demás. Habla con tu entrenador personal si necesitas consejo o si te surgen dudas, pero entiende que todos somos distintos y que el entrenamiento que ves hacer a una persona, no tiene por qué ser bueno para ti o los objetivos que buscas.

5. Conviértete en tu prioridad:
Todos decimos siempre: tengo que cuidarme más, tengo que mirar más por mí… pero ¿cuántos lo cumplimos? Utiliza el entrenamiento como una de las mayores expresiones de amor hacia ti mismo. Porque solo si te amas a ti mismo, podrás amar todo lo demás y a los demás.

Autora: Natalia López-Maroto
DIRCOM Anytime Fitness Iberia

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