Maria Enciso: “ser invidente no es una excusa”

Maria Enciso una invidente con un enorme compromiso con el deporte
Maria Enciso una invidente con un enorme compromiso con el deporte

Cuando nos apuntamos a un gimnasio, solemos tener en cuenta aspectos como el horario de apertura, el número de máquinas, las clases dirigidas … y como puede resultar evidente: el precio de la matrícula. A todos estos ítems, María Enciso, vecina del barcelonés barrio de San Andrés e invidente, a tuvo que sumar uno nuevo por su condición física: un espacio al lado de casa donde poder entrenar de forma autónoma. ¿Lo encontró? En Barcelona, justo al lado del CAP de la Meridiana: Anytime Fitness Sant Andreu
 
“Cuando abrieron aquí, vine a probar y me quedé; lo tuve clarísimo “, explica Enciso, quien al poco tiempo incluso tenía las máquinas del gimnasio traducidas al braille. “Desde el principio vi que se preocupaban por mí, que me corregían si algo no la hacía del todo bien y que con Rayla -mi perra guía- en vez de ponerme problemas, todo eran facilidades”. De hecho, su perra guía se ha convertido en la niña mimada del resto de abonados al Anytime Fitness.
 
En cuanto al seguimiento de las clases, Enciso agradece el hecho de que “el profesor siempre viene a mi lado para palpar como lo hace y así trato de imitarlo”, detalla. Una ayuda constante que, asegura, no se lo ha encontrado en otros centros deportivos que ha probado antes: “Sí que me ayudaban, pero el trato no era ni mucho menos lo que he recibido aquí”. “El primer día que vine aquí los responsables de la instalación ya me cogieron de la mano para que me hiciera a la idea de cómo era el gimnasio”, asevera.
 
La club manager del Anytime Fitness, Alejandra Sánchez, pone de relieve que en cuanto abrieron, decidieron “adaptar las instalaciones para cumplir con el acceso universal”. Sin embargo Sánchez suma el hecho de que “gracias a la ayuda de María y sus consejos hemos mejorado aún más”. De hecho, María no es la primera invidente que se apunta a este centro deportivo, “ya antes vino María del Carmen que también tenía dificultad visual, aunque no tan crítica”, recuerda la manager.
 
A su juicio, contar con personas con dificultades les genera “un clima más humano” en el centro, ya que “todo el mundo se ofrece para echar una mano”. Una ayuda, sin embargo, que casi no necesita Enciso; su afición al deporte le viene desde pequeña. Como confiesa “hacer deporte es una cuestión que debe relacionarse con la forma de vivir la vida, no de si tienes ‘X’ característica, como ser invidente o no”.
 

“Sólo hay que ver toda la gente que se dedica a hacer deporte de élite, de mantenimiento o incluso los deportistas de élite que compiten en los Juegos Paralímpicos.”

 
Ella misma reniega de los años desperdiciados antes de descubrir el mundo del yoga o el tai chi: “Cuando era pequeña, en mi primera etapa de escolarización no existían las actividades deportivas para personas ciegas; tuvieron que pasar años para que me dejaran hacer deporte como la natación “, relata. Incluso tuvo que vivir una temporada de veto deportivo por culpa de una mala diagnosis médica: “El médico me dio un certificado para que en el instituto no hiciera gimnasia y fue solo al ingresar en la ONCE cuando volví a hacer marcha, montaña, esquí nórdico, hípica o vela “.
 
Ahora, años después, Enciso ha preferido bajar el ritmo. Sin embargo, no oculta su fidelidad constante al gimnasio. Todas las semanas se acerca para hacer tres horas (como mínimo).
 

“Hago y haré deporte toda mi vida porque sé que es bueno; debemos obligarnos a hacerlo y no ponernos límites nosotros mismos.”

 
 
Traducción del artículo original ” Maria Enciso, crònica d’una visita a cegues al gimnàs” publicado en el diario L´Exprés de Sant Andreu. Puedes leerlo aquí.
Autor: David García

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