Peso bajo control… mental

Peso Bajo Control Mental
Peso Bajo Control Mental

Hablemos de peso… una vez más. A estas alturas del verano quizá ya estés de vacaciones o las tengas a la vuelta de la esquina. Quizá estés pensando que deberías haber venido más días a entrenar a tu club o quizá te estés arrepintiendo de ese mes que decidiste no venir porque ibas a intentar hacer ejercicio por tu cuenta… porque te daba pereza salir a la calle bajo la lluvia… El caso es que llega el momento de lucir palmito y no estás en tu mejor momento.
 
Y mira que molesta cuando esto pasa, ¿verdad? En abril tienes tu cuerpo en plena forma y llega junio y, entre las terrazas, los eventos, las cañitas, los helados, los niños que ya no tienen cole y nos dejan menos tiempo libre, y que nos apetece menos venir a entrenar porque se está mejor en la calle, aparecen las dichosas chichillas en el lugar que menos te esperas. Año tras año, si no haces los deberes a tiempo, se repite la misma canción.
 
Pues bien, si estás en cualquiera de estos casos, hoy voy a recordarte que tienes una varita mágica en tu mano para controlar tu peso, que puedes –y debes- usar en cualquier momento. Incluso aunque estés súper fit, no te vendrá mal recordar estos consejos.
 
La mente es un enorme aliado cuando se trata de controlar nuestro peso, porque ella es en muchos casos la “responsable” de todo lo que comemos.
 
Si te digo que si quieres bajar de peso tienes que comer despacio, me vas a decir: “ya, eso ya lo sé pero mi jefe no opina lo mismo. Como de pie, deprisa y cualquier cosa para ponerme a hacer otras cosas cuanto antes.” O incluso es posible que tengas que comer deprisa porque aprovechas tu descanso del medio día para venir a entrenar.
 
En cualquiera de los dos casos, es importante que sepas que las ventajas de comer despacio son enormes y muy importantes si quieres perder peso. Diversos estudios de diferentes universidades del mundo han intentado encontrar pequeños trucos mentales para hacer que controlar tu peso sea un poco más sencillo. Te cuento algunos otros que posiblemente hayas oído antes:
 

  • Usa platos pequeños para comer en lugar de platos grandes.
     
    El cerebro percibirá que hay más comida en el plato y tendrás la sensación de haber comido el doble que si colocas la misma cantidad de alimento en un plato grande.

 

  • Mezcla colores y llena tu plato de proteínas y vegetales.
     
    Estimula tu cerebro con colores y olores diferentes. En verano no nos apetece tanto comer comidas calientes y es un momento perfecto para ampliar la gama de ensaladas con bases diferentes: quinoa, judías verdes, garbanzos, mezcla de lechugas, coliflor, cous-cous, lentejas… Las posibilidades son infinitas si añades frutas, frutos secos, semillas, etc. ¡Ojo con el aliño! Elige siempre vinagretas a base de aceites vegetales y frutas en lugar de salsas procesadas.

 

  • Si tienes que picar entre horas, que sea frutas y verduras de temporada.
     
    ¿Qué tal unos trozos de zanahoria con algo de queso bajo en grasa o unos trozos de sabrosa fruta fresca recién preparada?

 

  • Intenta que tus comidas duren al menos 20 minutos.
     
    Una buena técnica al principio si te cuesta es soltar el tenedor en la mesa tras meterlo en tu boca. Engullir la comida en lugar de disfrutarla llenará tu cuerpo de gases y, al no masticar correctamente, dificultarás mucho tu digestión.

 

  • Disfruta cada bocado.
     
    No comas mientras estés trabajando, mirando tus redes sociales o viendo la tele. Centra tu atención en cada bocado y disfruta de la experiencia plena de alimentarte. Siente las diferentes texturas de los alimentos, sus aromas, sus colores, sus sabores… cómo encajan unos con otros y cómo saben por separado. Al principio se te hará un poco raro y te costará centrar tu atención, pero descubrirás un montón de nuevas sensaciones que te harán valorar mucho más cada cosa que comes.

 

  • Antes de pecar entre horas piensa bien por qué sientes que tienes hambre.
    ¿Es porque de verdad toca comer o estás intentando aliviar algo de estrés o ansiedad? Si es el último caso, intenta dar un paseo por tu casa u oficina, beber algo de agua o preparar una infusión en lugar de atiborrarte a chuches.

 

  • Peca comiendo algo que de verdad te apetezca y te haga feliz.
    Si finalmente decides pecar –recuerda que siempre decimos que hacer trampa de vez en cuando es bueno y te lo puedes permitir siempre que sigas cumpliendo con tu rutina de entrenamiento y no se convierta en una constante- que sea disfrutando. Aprovecha y saborea al máximo cada uno de los bocados. Si en algún momento dejas de disfrutar, deja de comer –si lo que estás ingiriendo son calorías vacías sin ningún aporte nutricional de interés.-En general la sensación de placer desaparece tras los primeros bocados y es posible que no necesites comerte toda tu chuche para sentirte satisfecho.

 

  • Exprime tu coco:
    La vida que llevamos nos obliga a ir siempre a la carrera y a movernos dentro del 2 + 2 = 4 porque vamos en piloto automático. Y pasa lo mismo cuando preparamos nuestra comida: terminamos comiendo lo mismo, semana tras semana, sin salirnos del guión… Una costumbre bastante peligrosa para nuestro equilibrio nutricional. Si no se te ocurren recetas nuevas, ve a tu estantería y recupera aquél libro de cocina que te regaló la abuela o busca recetas en los millones de páginas dedicadas a comida sana en internet.

 
Espero que a partir de hoy este artículo pueda ayudarte en tu camino para controlar tu peso.

Bienvenido a tu nueva relación con la comida. Si quieres perder peso, tendrás que romper algunas rutinas y te darás cuenta de que, al fin y al cabo, después de todo resulta incluso divertido.

 

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